Vacío
Sobre cómo escribir rellena el vació de estar aquí, y sobre Bukowski y la escritura.
Mi hijo de 13 años me dijo que se sentía triste. Que lo acompañara a dormirse. Se veía, como él lo dijo, triste, apachurrado; además se estaba enfermando de gripa, le dolía garganta y la cabeza.
Me acosté con él y pensé, como muchas otras veces, que no iba a saber por qué se sentía triste; le hice algunas preguntas: ¿te sientes así por algo de la escuela? ¿o por la chica que te gusta? Primero dijo que no sabía pero luego luego se soltó. Estábamos abrazados, con las luces apagadas: papá, es que… me siento vacío. Sin propósito, sin saber qué hacer.
Vacío vacío vacío.
¿Cómo respondes esta pregunta tan pinche básica?
Le dije que yo también me siento así a veces. Que era bueno sentir ese vacío, que tratara de pensar en las cosas que lo llenaban. Le dije que a mí lo que llenaba era: jugar béisbol, olvidarme de que estoy jugando y divertirme... reírme tanto cuando estoy molestando a alguien, bromeando, que me pierdo en la risa y desaparezco, la risa me traga, la alegría del desmadre.
Le dije que me llenaba rezar mis rezos improvisados, a lxs diosxs en los que creo.
Le dije que me llenaban los abrazos, como el que nos habíamos dado hace rato, su mamá, su hermana y yo. Abrazos de 4.
Y bailar.
Y Escribir.
Escribir es lo que más me llena.
Escribir de lo que a mí me gusta, lo mío, me llena; no el libro que estoy haciendo ahora, que me divierte, sí, y disfruto mucho, pero que no es mío: escribir lo mío, me llena los huecos.
Luego le di un beso y le dije que tendría que encontrar poco a poco las cosas que lo llenaban. ¿Hacer un videojuego? ¿Tocar música? ¿Divertirse con sus amigos? Se quedó dormido. Yo me puse a su lado a leer las últimas páginas de La senda del perdedor de Bukowski.
Hace mucho que no leía al viejo. Hubo un tiempo en que después de amarlo, lo odié, por aburrido y repetitivo y porque me creí sofisticado: ya lo había superado. Pero ahora de nuevo había vuelto al viejo Chinaski, al que leía cuando me iba de pinta de mis clases de regularización del colegio de matemáticas para pasar el examen de la secundaria abierta, luego de que me hubieran expulsado de mi segunda escuela. Me valía madres y me iba a unas banquitas al lado del tren ligero de La Noria y sacaba mi libro de Bukowski, el de La máquina de follar. Ahí, casi la que tiene mi hijo (aunque yo no estaba tan alto como él –yo era de los más chiquitos de mi edad, una bolita morena, medio gordita, medio metida en sí misma–) me ponía a leer a Charles Bukowski, medio deprimido, medio angustiado, pero lleno. Leerlo me llenaba.
Y luego, cuando por esa misma edad empecé a escribir mis cuentos, al estilo del viejo, imitándolo a él o a Kerouac o a Irvine Welsh, me di cuenta que eso me llenaba todavía más, mucho más que leer. Calmaba la sed. Rellenaba el hueco que ya no más por haber nacido estaba ah. Dejar que las palabras cayeran sobre el papel. Engancharme a las historias; me excitaba, palpitaba, sufría... la muerte se me iba sacudiendo del cuerpo, y las imágenes, como células despertándose, me aullaban.
Llegué a la última línea de la novela y agradecí haber vuelto a leer la simpleza del viejo, su torpeza, su carne abierta. Y pensé que yo también me había estado sintiendo vacío aunque ni me había dado cuenta. Últimamente en mis sueños los barcos se hundían, mis casas se derrumbaban, ciudades enteras desaparecían. Me despiertan las pesadillas.
Yo también, como Bukowski, quería un trago que rellenara el hueco.
Así que vine, aquí.
Abrí la compu y me puse a escribir, sintiendo cómo, al tiempo que cae cada letra y se forma cada palabra, me voy llenando.
Llenando.
Llenando,
despacito,
como un vaso de agua.




Sobre cómo escribir rellena el vació de estar aquí, y sobre Bukowski y la escritura.
Buen texto Alex, me pasa que me encuentro llenándome de preguntas así con mi hija, y se aprenden cosas chidas que te llegan de rebote. Al final se descubre la complejidad de la vida de golpe y no queda más que afrontarla. Es chido encontrar la forma de llenar nuestros vacíos, es una aventura de miedo, pero como dices, uno conoce cosas como el béisbol, los libros, la comida, que sueltan el cuerpo y liberan al alma.